Una limpieza diaria de la cara y el cuerpo es un primer paso para una belleza duradera. La limpieza libera a la piel de las impurezas que se acumulan a lo largo del día, así como de posibles restos de maquillaje que pueden impedir que la piel respire. La limpieza es esencial para el resplandor y la salud de la piel. Sin embargo, es importante no lastimar el frágil equilibrio de la película hidrolipídica ni alterar el pH ácido de la piel
¿CÓMO LIMPIAR MI PIEL TODOS LOS DÍAS?
Con jabón
El jabón es la primera cosa que viene a la mente cuando se trata de lavar. Por desgracia, la gran mayoría de los jabones disponibles atacan la piel y alteran la película hidrolipídica que la cubre. Los jabones son sustancias completamente alcalinas que rompen el equilibrio ácido del pH de la piel. Por eso no se recomienda lavarse la cara con jabón. Por el contrario, viene muy bien para lavarse las manos o el cuerpo si está muy sucio.
Elegir el jabón adecuado es un verdadero rompecabezas. Incluso los jabones más naturales no son necesariamente suaves para la piel. Por tanto, debemos saberlo y prepararnos para hidratar y proteger la piel inmediatamente después de usar un jabón.
Los jabones recomendados por la slow cosmétique son los jabones naturales preparados según el método de saponificación en frío, que es el único que permite que el jabón conserve su parte de glicerina. Este método produce jabones de gran calidad, elaborados a base de ingredientes vegetales a los que se puede añadir una proporción de aceites o mantecas vegetales hidratantes al final del proceso de fabricación. El jabón obtenido se conoce generalmente como supergraso, lo que significa que contiene un suplemento de lípidos para suavizar su acción detergente sobre la piel. La palabra supergraso en el etiquetado es una primera indicación.
Para que realmente sean respetuosos con la piel, lo ideal es que los jabones supergrasos saponificados en frío no contengan perfumes sintéticos. Sin embargo, pueden estar aromatizados con aceites esenciales (geranio, lavanda, rosa…) o con extractos de plantas aromáticas (frutos rojos, cítricos…). Lee bien las etiquetas y busca la palabra «perfume» o «fragancia» en la lista de ingredientes.
Por desgracia, es muy difícil saber si el jabón se saponificó en frío o si realmente es supergraso. De hecho, a diferencia de otros productos cosméticos, los jabones no siempre tienen una lista completa de ingredientes en sus envases. Ni siquiera nos dicen cuál es su método de producción. Por tanto, debemos confiar en los pequeños productores que puedan demostrar que su proceso de fabricación está bien planificado y que el jabón está enriquecido con ingredientes nobles que lo hacen supergraso. Si vives o visitas el sur y el centro de Francia, los encontrarás. En dado caso que no, ve a una tienda de productos orgánicos y elije entre los que sean menos agresivos y menos perfumados para la piel. Si es posible, elije un jabón orgánico certificado. Ten en cuenta que la mayoría de los jabones de arcilla y los de miel o propóleo suelen estar bien hechos. Pero exige un jabón supergraso saponificado en frío
¿Y el jabón de Alepo?
El verdadero jabón de Alepo es un jabón hecho a base de aceite de oliva y aceite de bayas de laurel. A pesar de seguir un método de fabricación muy respetuoso con el medio ambiente y de utilizar ingredientes muy naturales, este jabón no es adecuado para la limpieza facial, ya que, al igual que los jabones convencionales, pierde parte de su glicerina natural y su pH es demasiado alcalino. Por tanto, solo se puede utilizar para el cuerpo y únicamente de vez en cuando.